Humanidades

La escritura de los guanches

Las investigaciones de la filóloga Renata Springer y las historiadoras Irma Mora y Nona Perera certifican que los guanches conocían la escritura, como plasmaron en cientos de inscripciones alfabéticas en el Archipiélago Canario.

Los grabados alfabetiformes no existen en Canarias. Alfabetiforme es un adjetivo que la RAE define como “un dibujo tosco, de rayas, que parece imitar alguna clase de escritura fonética”. Los paneles que tenemos en Canarias son inscripciones alfabéticas, letras, no son formas alfabéticas. Los canarios primigenios que colonizaron el Archipiélago sí conocían la escritura. Incluso tenían dos alfabetos: la escritura líbica-bereber y la líbica-latina.

La líbica-bereber representa a toda la sociedad aborigen y está en todas las Islas. Comparando los signos, las letras, vemos que es una escritura bastante homogénea, aunque hay algún signo que no está en alguna isla, porque hay pocos paneles. Entre los propios tuareg, actualmente hay diferencias, pero en Canarias es muy homogénea, lo cual no quita que haya dos o tres signos locales. Por ejemplo, “un círculo con dos líneas verticales se ve en La Candia, un yacimiento herreño, y en Gran Canaria, en Balos. Curiosamente, ese signo cuesta verlo en África, solo hay constancia en la Kabilia (Argelia).

La otra escritura tiene unas letras o signos de origen indubitadamente romano, de ahí su nombre: líbica-latina. También se le denomina líbica-canaria. Las letras de este alfabeto sólo se han encontrado en paneles rupestres de Lanzarote y Fuerteventura, islas en las que también hay grabadas inscripciones con letras líbica-bereberes. Muchos bereberes estaban en contacto con los romanos, algunos trabajaban para ellos, y esa influencia se puede transmitir a la escritura. Otro factor que explica que hubiera bereberes que conocieran signos latinos es que los legionarios, independiente de su origen étnico, tenían que conocer la lengua latina y a ser posible el alfabeto latino; por ello, los bereberes romanizados tenían nociones de la escritura que trajo una cultura foránea al norte de África.

El líbico-latino se inspira en una forma cursiva del latín, que a su vez desciende del etrusco, inspirado por el griego que evolucionó del fenicio. En este sentido, mucha gente coincide en que se trata de una escritura de inspiración latina, pero ningún latinista ha demostrado aún que, efectivamente, se trate de un alfabeto latino; no está confirmado, pero si lo parece.

La distinción principal es que el líbico-bereber no escribe las vocales salvo en ocasiones muy especiales –finales de palabra, por ejemplo- mientras que el latino sí que lo hace. Morfológicamente son muy diferentes. La líbica-bereber es más geométrica, sus signos pueden ser puntos, cuadrados, rectángulos, líneas verticales u horizontales, quebradas… La líbica-latina se asemeja más a la latina actual. No es latina, ni latín, sino un alfabeto inspirado en la escritura latina y que la población libia lo adapta para escribir sus palabras. Sin embargo, ambos alfabetos sirven para escribir la misma lengua.

La investigación más reciente sobre la escritura de los primeros pobladores de Canarias se presentó el 30 de abril de 2021, en la Universidad de La Laguna. Su autora es Irma Mora Aguiar, epigrafista y codirectora de la Cátedra Cultural de Estudios Bereberes de la ULL. A partir de ese día, en el que presentó su tesis doctoral, tutelada por dos ilustres de la arqueología canaria, Juan Francisco Navarro Mederos y Antonio Tejera Gaspar, la doctora Mora se convirtió en una referencia para la comunidad científica, porque su trabajo aporta muchas novedades, entre ellas, lugares concretos del norte de África de los que, a su juicio, proceden los aborígenes o al menos de los lugares de procedencia de inscripciones rupestres que son muy similares e incluso idénticas, en algún caso, a las canarias.

Con los trabajos de Renata Springer se sabe que en Túnez estaba el origen del alfabeto -de la variante libia- que trajeron los aborígenes. Es similar a las otras escrituras que hemos visto en África. Se ve que es un alfabeto que llega a Canarias y tiene una relación clara con una variedad que he llamado líbico meridional, que se extiende desde la frontera entre la franja mediterránea y la estepa, desde el golfo de Gabés, en Túnez, hacia el interior por el altiplano argelino hasta la frontera con Marruecos. En esa amplia franja se movían los pueblos gétulos-tribus nómadas-, a través de una ruta de trashumancia y con cierto carácter comercial.

Ese perfil nómada de esas tribus que iban inscribiendo su alfabeto mientras atravesaban aquellas tierras, en caravanas probablemente, propició una de las revueltas contra la ocupación de Roma, la rebelión de Tacfarinas–líder bereber-, en una comarca del actual Argelia relativamente cerca de Túnez. Los romanos se instalan en las zonas fértiles, y los nativos se oponen a que les imponga el sedentarismo. Los romanos cortan la ruta entre Túnez y Marruecos y se producen migraciones, en el siglo II, que están documentadas de la estepa hacia la Mauritania Cesariense, franja costera entre los ríos Soumman (Argelia) y Muluya (Marruecos). En medio de este clima de revueltas y de convulsión social, estos nómadas debieron de llegar hasta muy cerca de la costa atlántica a través del valle del Draa, el río más largo de Marruecos, que desemboca cerca de Tarfaya, el punto más cercano entre Marruecos y Canarias.

Muy cerca de Bechar (Argelia) y del pueblo de Taghit, en la frontera argelina con Marruecos, y bajando por el río Draa hay paneles que parecen canarios. El más cercano a la costa está a unos 100 kilómetros del mar. Otro dato: son rupestres como en Canarias, no son estelas.

La variante líbica-bereber, salvo pequeños detalles, es muy homogénea en el Archipiélago. Renata Springer, en 2017, demostraba la unicidad del alfabeto que llegó a las Islas. Para ello, Springer comparó las inscripciones de dos islas geográficamente opuestas: El Hierro y Lanzarote. Además, en ambas islas predominaban técnicas distintas: el piqueteado en El Hierro, mientras que en Lanzarote se prefirió la incisión. Esta diferencia técnica había sido aludida por otros investigadores para postular la existencia de dos alfabetos y de dos oleadas migratorias. Sin embargo, el estudio de Springer desmanteló esta hipótesis, al demostrar la llegada de un mismo alfabeto líbico bereber al Archipiélago.

A pesar de que las crónicas decían lo contrario, ya sabemos que los indígenas canarios sí tenían escritura; en las Islas se hablaba la misma lengua porque compartían la misma gramática, aunque se observan diversos dialectos. De hecho, incluso dentro de algunas islas, como en Gran Canaria y Tenerife, tenemos diferencias dialectales, lo cual es perfectamente verosímil, dado que se trata de islas grandes que no solo poseían fronteras geográficas, sino también sociales. Todo ello se refleja, por supuesto, en la lengua, tal y como sucede en el español de Canarias en la actualidad. Estas diferencias se aprecian más claramente en la toponimia, siendo la parcela de los guanchismos más numerosa, fiable y arraigada al territorio y, por tanto, más proclive a poner de manifiesto tales variedades. No obstante, estas particularidades solamente afectan a lo fónico, ya que las hablas de las Islas guardan una gran homogeneidad gramatical, tal y como han demostrado Sabir (2001 y 2008) y Loutf (2007 y 2019), entre otros lingüistas.

¿Quieres saber más? Lee el reportaje completo de Luis Socorro de su serie «Amaziges de Canarias» en Canarias Ahora (Bajo licencia Creative Commons).

Imagen de cabecera: Escritura líbico-bereber en la Cueva del Agua, El Hierro, la isla con el mayor número de yacimientos de Canarias con caracteres del alfabeto indígena Foto cedida Cabildo El Hierro