Humanidades

Las trepanaciones en la prehistoria

Un equipo de antropólogos de la Universidad de Valladolid ha documentado este año la primera cirugía auditiva de la historia en un cráneo con signos de trepanación, una de las intervenciones quirúrgicas más antiguas que se conocen. Realizada por distintas poblaciones del mundo, esta prehistórica técnica cuyo fin todavía se mantiene en discusión, se pudo llevar a cabo con un propósito tanto curativo como místico.

La investigación, publicada en la revista Nature constata una intervención quirúrgica en los dos oídos realizada hace más de 5.000 años, fue impulsada por las llamativas marcas que presentaba en ambos huesos mastoideos un cráneo perteneciente a mujer de entre 35 y 50 años. Lo que indicaba una trepanación, la realización de una apertura en la región craneal.

Las trepanaciones más comunes son peruanas y su explicación generalmente deriva de la práctica moderna de aliviar la presión endocraneal. Aunque es difícil establecer la intencionalidad sin registros escritos.

La trepanación es considerada uno de los procedimientos quirúrgicos más antiguos realizados por distintos grupos humanos a lo largo de la historia, desde la civilización precolombina Paracas del Antiguo Perú hasta los antiguos aborígenes de la isla de Tenerife, los guanches de Canarias.

Las primeras evidencias documentadas de esta técnica se adscriben al Mesolítico europeo (Ucrania y Portugal) y del Norte de África (Marruecos), por lo que parece que esta práctica se desarrolla al mismo tiempo en lugares distantes. Aunque son varias las teorías alrededor del origen y propósito de la intervención craneal, se puede afirmar que estaba generalizada entre las sociedades de agricultores y ganaderos y tiene su mayor auge en la Prehistoria entre el IV y el II milenio a.C.

El continente europeo es una de las zonas con mayor índice de trepanaciones prehistóricas en todo el mundo. El número de intervenciones identificadas en el Mediterráneo Occidental y, concretamente, en países como España y Francia, es digno de mención.

El propósito de estas intervenciones prehistóricas ha sido una de las cuestiones más debatidas en la literatura científica. Cuando los investigadores se encuentran ante un sujeto trepanado lo primero que se trata de analizar es la posible existencia de procesos patológicos que justifiquen la intervención. En gran parte del registro osteológico peninsular, no se han identificado lesiones u otro tipo de patologías óseas que pudieran motivar la cirugía. No obstante, en los contextos arqueológicos generalmente solo es posible recuperar esqueletos. El paso del tiempo es el elemento vertebrador de la labor de un antropólogo, y también su mayor enemigo; el proceso de putrefacción natural no permite preservar los tejidos blandos y órganos, limitando el trabajo de los científicos, que únicamente pueden analizar las patologías que afectan al hueso. Esto genera una pérdida de información de gran importancia a la hora de identificar enfermedades que podrían ser tratadas o aliviadas mediante cirugía, como la epilepsia, hipertensión, migrañas, tumores cerebrales, etc.

La ausencia generalizada de patologías en sujetos trepanados ha llevado tradicionalmente a los investigadores a plantear como causa principal motivaciones mágico-religiosas o de tipo ritual.

Esta justificación parece clara en las trepanaciones con carácter póstumo y en las realizadas para obtener una placa ósea que pudo servir como amuleto, como se ha documentado en algunos yacimientos baleares.

No obstante, diversos autores también han considerado una relación entre los cráneos trepanados y las heridas de guerra, justificando su ejecución para curar traumatismos previos. Esta hipótesis explicaría una mayor presencia de esta técnica en determinadas áreas geográficas, lo que se relaciona con la existencia de un mayor índice de conflictos intergrupales o accidentes. Un factor que apoyaría esta teoría es el hecho de que en la península ibérica y las Islas Baleares la mayoría de los sujetos trepanados son varones, documentando solo un 10 % de cráneos femeninos.

En relación con esta hipótesis, en Perú la guerra obviamente estuvo involucrada y las fracturas deprimidas coinciden con las mazas utilizadas en tal guerra. Por lo que parece lógico que, tras los golpes en la cabeza, llevaran a cabo trepanaciones para aliviar la presión intracraneal, así como los dolores de cabeza y visiones asociados.

En España, existen varios yacimientos en los que se han constatado lesiones violentas y evidencias de trepanación. El caso más evidente es el de San Juan Ante Portam Latinam (Álava), un abrigo en el que se depositaron 338 individuos, muchos de ellos con huellas claras de violencia y cuatro con evidencias de trepanaciones.

Aunque se han señalado otros yacimientos con presencia de sujetos lesionados y otros trepanados, como el dolmen de Clarà (Lérida), Boixadera dels Bancs (Barcelona), o la fosa de La Saga (Navarra), entre otros, “el registro osteoarqueológico peninsular no permite establecer una relación directa entre violencia y trepanaciones, dado que solo en algunos casos se han documentado traumatismos en cráneos trepanados, como en la Cueva de los Molinos en la Alhama de Granada.

Discernir una línea divisoria entre magia y medicina en los pueblos primitivos resulta una tarea laberíntica; son disciplinas que a lo largo de la historia de la humanidad se han agarrado estrechamente de la mano, y todavía lo siguen haciendo hoy en algunas comunidades del planeta. Obviamente el chamán o curandero que llevó a cabo la intervención del cráneo de la Cueva de los Molinos no debía de saber nada de neurocirugía, pero quizás interpretó que las convulsiones se debían a la posesión de un espíritu y decidió extirparlo. Son temas complicados sobre los que, de momento, solo se puede lanzar hipótesis.

Sin un registro escrito es difícil saber la intención de estas primeras operaciones. Una forma clara de diferenciar la trepanación como rito o con intención curativa en muestras grandes sería evaluar la frecuencia por sexo, edad, región, acompañamientos de entierro y posición de la trepanación.

Fuente: SINC